Más allá de los bellos paisajes de montañas, pueblitos de adobe y dunas de arena, Catamarca alberga historias de emprendedores que rescatando saberes ancestrales, incorporan diseño y conceptos, como el comercio justo y la producción sustentable. Ramón y Graciela, son un matrimonio de tejedores de ponchos en la localidad de Belén. Aprendieron viendo como hilaban sus padres y abuelos, sin saber que algún día se dedicarían a esto. «Hacer un poncho puede llevar entre dos y tres semanas, trabajando ocho horas diarias», cuenta Ramón, y agrega, que todo el proceso, desde el hilado que transforma los vellones en lana, hasta el entretejido en un telar rústico, el teñido y el lavado, se realiza a mano. Graciela explica, que para obtener los colores, no necesitan químicos. «Usamos tinturas naturales, con yerba mate se obtiene hasta 12 gamas de verdes, con té, cortezas de árboles o cárcaras de nuez, se logran distintos tonos de marrones y con flores, los rojos, rosados y lilas». Uno de los diseños mas exitosos de Rua Chaky, es el Poncho del Bicentenario, con los colores de la bandera.
Desde 1954, se celebra en San Fernando del Valle de Catamarca, a mediados de julio, la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. En donde, algunos puestos de esta mega exhibición, llaman la atención, por la combinación de materiales rústicos y diseño de autor, en prendas como sacos, borceguíes, carteras y bolsos. La fiesta del Poncho, es según, datos de la Secretaría de Turismo, el mayor evento provincial.

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